Archivo | abril 2019

Mamá, ¿tienes derecho a no poder con todo?

La crianza en solitario es muy dura, aun cuando compartes responsabilidades con tu pareja, resulta realmente difícil. Sobretodo en una sociedad incompatible con las necesidades reales de las madres y las criaturas.

Hay días que ya te levantas cansada y solo de pensar en todo lo que te queda por delante, puedes sentirte abrumada. Hay días que el nivel de estrés es tal que en cualquier momento puedes estallar. Hay días que necesitas huir, escapar, desconectar, pero no puedes contar con nadie para que se quede con tus hijos. Hay días que solo quieres llorar y gritar, y no tienes ni un momento para ti. Hay días que piensas que esto no es para tí, que te sobrepasa. Cuéntame, ¿qué días malos tienes tú? ¿Cómo te sientes? ¿Has tomado consciencia de lo que te llegas a exigir? ¿Crees que tú sola debes poder con todo?¿Crees que tienes derecho a no poder con todo?

Biológicamente estamos programados para vivir en tribu, la crianza siempre ha sido compartida y con el apoyo de otras mujeres. De hecho, la crianza ha sido responsabilidad del grupo quien da soporte a la madre para que pueda ofrecer lo necesario a sus crías. Sin embargo, hemos evolucionado a una vida más individualista, dejamos de vivir en grupo para hacerlo únicamente con la pareja, y muchas veces alejados de la familia, en una sociedad que infravalora no sólo la crianza sino también el llevar adelante un hogar.

Comprar, hacer comidas, limpiar, lavadoras, recoger, ordenar, organizar, programar, atender, cuidar, gestionar conflictos, trabajar… Llevar a cabo todo esto y más, prácticamente sola, es una sobrecarga brutal. Querer llegar a todo y todos resulta excesivo, que cuando acabamos chillando a nuestro hijo, o no lo acompañamos como merece, nos podemos sentir la peor madre del mundo y realmente frustradas. Si nuestro objetivo es llevar a cabo una crianza respetuosa y la “cagamos”, la culpa nos invade hasta dejarnos K.O. De nuevo te pregunto, ¿crees que tienes derecho a no poder con todo?

Ser más compasivas con nosotras mismas, cuidar de nuestro bienestar, buscar apoyo (por ejemplo, alguien que nos ayude con las tares del hogar), buscar apoyo emocional, aceptar y respetar nuestros límites, buscar alternativas más acordes al las circunstancias, etc… nos va a ayudar aligerar esa carga que no merecemos porque el sistema en el que vivimos no nos acompaña. ¿Qué haces tu para mitigar toda esta sobrecarga?

Efecto pigmalión. Si crees que tu hijo es desordenado, condicionas para que lo sea

Nos podemos dar de narices cuando nuestro hijo, que hasta ahora recogía sus juguetes, deja de hacerlo. ¡Vaya, con lo bien que íbamos! Y puede ser exasperante ver que sacar juguetes es toda una diversión pero guardarlos ya no.

Cuando esto se convierte en lo habitual, y ya tenemos bastante faena como para estar recogiendo juguetes esparcidos por toda la casa, abordar este conflicto puede ser agotador.

Y qué pasa cuando por enésima vez le pedimos a nuestro hijo que recoja y se niega? ¿Qué sentimientos afloran? ¿Qué pensamientos nos invaden? En ese momento queremos que entienda que necesitamos su colaboración para mantener el orden en casa, que solas no puedes con todo. Si esto se alarga y repite en el tiempo, se va reforzando la imagen de que él es un desordenado, no es responsable, no colabora… nos formamos una idea de lo que es más probable que pase, es decir, nos generamos una expectativa.

¿Y qué pasa con la expectativa que nos generamos? Que tiene un gran poder, ya que influye en la realidad de nuestro entorno, eso que creemos del otro influyen en él. A esto se le llama “Efecto Pigmalión”.

La teoría del “Efecto Pigmalión” se sostiene por un estudio que realizó Rosenthal en EEUU con un grupo de alumnos. Estos pasaron por un test que medía el coeficiente intelectual y más o menos todos sacaron una puntuación similar. De este grupo, escogieron alumnos al azar y crearon informes falsos indicando resultados CI superiores. Entregaron estos informes a los profesores que no sabían que eran falsos. Pasado el curso repitieron el test, y los seleccionados realmente tuvieron un resultado superior al resto.

¿Por qué sucedió esto?

Observaron 4 puntos:


• Los profesores mantenían una relación más cercana con los alumnos de mayor coeficiente intelectual.
• Al creer que tenían una mayor capacidad les enseñaban más materia.
• Se les preguntaba más, dando más tiempo para reflexionar y responder.
• Les animaban más.

Traducido al conflicto de “mi hijo no ordena sus juguetes” sucede lo siguiente:

La acción reiterada de “negarse a recoger” de nuestro hijo impacta en nosotros la creencia de que es “un desordenado”, esta creencia condiciona nuestras acciones (eres un desordenado, siempre estas igual, es que nunca ayudas en casa, si no recoges me enfado…) y esto refuerza su creencia de que “no es ordenado”. Se convierte en el pez que se muerde la cola.


Te sientes identificada en esta u otras situaciones? Cuéntame!