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Efecto pigmalión. Si crees que tu hijo es desordenado, condicionas para que lo sea

Nos podemos dar de narices cuando nuestro hijo, que hasta ahora recogía sus juguetes, deja de hacerlo. ¡Vaya, con lo bien que íbamos! Y puede ser exasperante ver que sacar juguetes es toda una diversión pero guardarlos ya no.

Cuando esto se convierte en lo habitual, y ya tenemos bastante faena como para estar recogiendo juguetes esparcidos por toda la casa, abordar este conflicto puede ser agotador.

Y qué pasa cuando por enésima vez le pedimos a nuestro hijo que recoja y se niega? ¿Qué sentimientos afloran? ¿Qué pensamientos nos invaden? En ese momento queremos que entienda que necesitamos su colaboración para mantener el orden en casa, que solas no puedes con todo. Si esto se alarga y repite en el tiempo, se va reforzando la imagen de que él es un desordenado, no es responsable, no colabora… nos formamos una idea de lo que es más probable que pase, es decir, nos generamos una expectativa.

¿Y qué pasa con la expectativa que nos generamos? Que tiene un gran poder, ya que influye en la realidad de nuestro entorno, eso que creemos del otro influyen en él. A esto se le llama “Efecto Pigmalión”.

La teoría del “Efecto Pigmalión” se sostiene por un estudio que realizó Rosenthal en EEUU con un grupo de alumnos. Estos pasaron por un test que medía el coeficiente intelectual y más o menos todos sacaron una puntuación similar. De este grupo, escogieron alumnos al azar y crearon informes falsos indicando resultados CI superiores. Entregaron estos informes a los profesores que no sabían que eran falsos. Pasado el curso repitieron el test, y los seleccionados realmente tuvieron un resultado superior al resto.

¿Por qué sucedió esto?

Observaron 4 puntos:


• Los profesores mantenían una relación más cercana con los alumnos de mayor coeficiente intelectual.
• Al creer que tenían una mayor capacidad les enseñaban más materia.
• Se les preguntaba más, dando más tiempo para reflexionar y responder.
• Les animaban más.

Traducido al conflicto de “mi hijo no ordena sus juguetes” sucede lo siguiente:

La acción reiterada de “negarse a recoger” de nuestro hijo impacta en nosotros la creencia de que es “un desordenado”, esta creencia condiciona nuestras acciones (eres un desordenado, siempre estas igual, es que nunca ayudas en casa, si no recoges me enfado…) y esto refuerza su creencia de que “no es ordenado”. Se convierte en el pez que se muerde la cola.


Te sientes identificada en esta u otras situaciones? Cuéntame!

¿Te dicen que coger a tu bebé malcria? Entonces lee este post

¿Acabas de ser madre y sólo tienes ganas de tener a tu bebé en brazos? ¿Recibes mensajes de que no lo cojas tanto porque se va a malcriar? ¿Estas hecha un manojo de nervios y dudas, y no sabes a quién hacer caso? Pues te diré una cosa, haz caso a tu bebé. Él mejor que nadie sabe lo que necesita para desarrollarse de la forma más favorable.

Nacemos con unos programas que van a determinar nuestro comportamiento como crías, el comportamiento necesario para que nuestra especie sobreviva y pueda reproducirse. Así que, el comportamiento de cualquier cría, incluso la de nuestra especie, es el adecuado. También como madres, tenemos nuestro programa que va a dar la respuesta adecuada a sus comportamientos. La diferencia entre el ser humano y el resto de especies, es que está condicionado por la cultura y las creencias, y le lleva a hacer oídos sordos a dichos programas. Para entender los comportamientos, te voy a explicar la clasificación de los mamíferos según el cuidado de las crías.

Hasta los años 70, los mamíferos se clasificaban como nidícolas y nidífugos.

  • Los NIDÍCOLAS (como los conejos), tienen varias crías por camada que al nacer se mantienen unidas y en contacto para poder regular su temperatura. Son totalmente dependientes del cuidado de la madre ya que nacen con un sistema nervioso muy poco desarrollado y con los ojos y oídos cerrados, a pesar de que su desarrollo posterior es muy rápido. La leche de la madre es muy proteica, así si sale a buscar comida, puede ir sola y las crías se mantienen alimentadas en la madriguera. En ausencia de la madre se quedan tranquilas y calladas.
  • Los NIDÍFUGOS (como la vaca), suelen tener una cría, está muy desarrollada, es capaz de autorregularse la temperatura y empieza a caminar al poco de nacer. Esto le permite seguir a la madre de forma independiente. La leche es poco proteica ya que este tipo de mamíferos suelen ser herbívoros, y como la madre se desplaza para ir alimentándose, necesita que la cría la vaya siguiendo y de esta forma, teniendo que mamar de forma constante, se asegura de que la va a seguir. En ausencia de la madre, grita.

¿Y qué pasa con los bebés humanos? ¿Dónde se clasifican?

En los años 70, el biólogo Bernhard Hanssestein introdujo la noción de “criatura portada”. Define que sus crías necesitan calor y contacto constante con la madre. A partir de este concepto podemos ver dos tipos de portadores:

  • Portadores ACTIVOS, nacen dependientes de la madre y son capaces de agarrarse a su pelaje. Sus órganos están desarrollados pero sus funciones están en desarrollo. Se termorregulan con el contacto, la leche es poco proteica para mamar a menudo y asegurarse el contacto constante. Lejos de la madre se vuelven agresivos.
  • Portadores PASIVOS, cumplen las mismas características que los activos, sólo que no son capaces de agarrarse y son portados en brazos o en una bolsa como el caso de los marsupios. El marsupio nace en estado embrionario y va reptando sólo hasta la bolsa de su madre, donde se enganchará al pecho para alimentarse y acabará desarrollándose piel con piel. Luego irá saliendo y entrando de la bolsa, primero asomará la cabeza, luego las patas, más adelante se atreverá a salir y volverá a entrar enseguida, posterior las salidas se alargarán y así, durante unos 6 u 8 meses, hasta estar preparado para salir definitivamente.

¿Qué crees que pasaría si la madre coneja tuviera una leche poco proteica y se marchara por horas a por comida? ¿O si las crías se pusieran a chillar en su ausencia? ¿Qué podría pasar si la vaca tuviera una leche muy proteica que saciara por horas? Al final, estamos programados de una forma determinada adecuada a la especie, y nada mejor que ver el comportamiento de la cría para saber como se debe criar.

Así que, observando las características de nuestros bebés, podemos decir que demandan mucho pecho, por tanto es una leche poco proteica, necesitan del contacto de la madre para regular su temperatura corporal, son dependientes del cuidado de un adulto, no pueden agarrarse y lejos de la madre lloran. Con lo cual, no cabe duda que las crías humanas necesitan brazos. ¿O es que acaso la naturaleza es caprichosa?

Cómo conectar con tu hijo pequeño para que acceda a tus peticiones

Las mañanas pueden ser realmente desesperantes cuando tu hijo de 3 años no quiere vestirse y tú tienes prisa porque tienes que ir a trabajar. O cuando estáis en casa del amigo y no hay manera de sacarlo de ahí, y tú agobiada por todas las tareas que tienes pendientes de hacer. Estas, y muchas otras situaciones, se dan en el día a día que acaban convirtiéndose en una lucha constante. ¿Te suena?

¿Qué está pasando?

Nuestro hijo vive en un mundo diferente, en el del presente. Dónde solo existe el ahora, y lo importante para él es su juego o actividad del momento. Mientras, el adulto vive en el mundo de las prisas y las responsabilidades. Pedir al niño que entienda que necesitamos ser puntuales o que a una determinada hora tenemos que estar en casa, es decir, que conecte con nuestro mundo, es muy difícil. Es mucho más efectivo si nosotros conectamos con su mundo, y mediante el juego, llevarlo a nuestro terreno.

El juego suele ser una buena herramienta para que acceda a nuestras peticiones. A veces puede resultar más fácil, otras puede costar un poco más, y ahí es importante echar imaginación al poder. Si tus hijos son pequeños la creatividad y el juego van a ser tus aliados.

Voy a compartir 5 ”trucos” que a mí me suelen funcionar maravilla:

1. Para vestirnos. Hago ver que el pantalón tiene hambre y busca un pie para comer, intento ponerme su ropa o hago ver que me equivoco y le pongo los calcetines en las orejas.

2. La silla del coche. Nunca le ha gustado ir en la silla, a veces, tener que abrochar el cinturón puede suponer un reto. Lo que me funciona, antes de subir al coche, es proponer algo para hacer en el trayecto, algo que le motive y así esté más predispuesto a sentarse. Por ejemplo, contar un cuento.

3. La hora del baño. Cuando no quiere bañarse, voy buscando actividades diferentes para hacer en la bañera que voy variando. Desde cubos para trasvase de agua, pintura, luces sumergibles… Otras veces intento enlazar el juego que tiene en ese momento con el baño. Por ejemplo, juega mucho a hacer misiones con la Patrulla Canina, pues le propongo una misión en la bañera.

4. Lavarse los dientes. El juego de la misión es lo que me ha funcionado hasta ahora. Un muñeco nos ayuda a poner la silla, otro a coger el cepillo y otro a lavar los dientes. Procuro ofrecer opciones para que él mismo escoja cómo lavarse los dientes.

5. La hora de dormir. Tenemos una rutina muy establecida de leer unos cuentos antes de dormir. Cuando llega la hora le digo “vamos a leer los cuentos” en vez de “vamos a dormir”. De esta forma no rechaza el tener que ir a la cama.

Y así, normalmente, conseguimos llevar el día a día evitando esa lucha constante.

¿Me cuentas tus trucos?