Qué pasa realmente cuando nos sentimos juzgadas?

Hay momentos en la vida que la opinión de la gente nos puede afectar en mayor o menor grado e incluso influir en nuestras decisiones, y personalmente, cuando más lo he sufrido ha sido durante mi maternidad. Al ser madre fui consciente de la gran responsabilidad que tenía en mis manos, las ganas de hacerlo lo mejor posible y la nula experiencia en el tema supuso una mezcla perfecta de nervios, inseguridades y miedos, así que la opinión de la gente solo hacía que alimentar más ese cóctel molotov hasta explotar a la mínima señal de sentirme atacada por cualquier comentario. Y es que sentirme juzgada ha sido, quizás, lo más difícil en el inicio del viaje de ser madre.

Y que está pasando realmente cuando nos sentimos juzgadas?

Un peso recae sobre nuestro, y ese peso no es la opinión o actitud de la otra persona sino nuestro propio juicio sobre la opinión o actitud de la otra persona, nuestro juicio dictamina que lo que ha hecho no es correcto o no esta bien. Esto ha sido realmente un aprendizaje para mi y me ha dado la oportunidad de sentirme más en paz  y más segura, ha sido una oportunidad para empoderarme.  Cuando nuestras mentes atormentadas por los comentarios o actitudes empiezan a funcionar como una lavadora centrifugando palabras es momento de pararnos y observarnos. A mi me funciona no reprimir, sino abrazar y aceptar ese estado de conciencia, porque cuando aceptamos nuestras sombras encontramos la armonía interior.

Y los otros hacen un papel importante, que en vez de condenarlos deberíamos agradecerles la oportunidad que nos brindan, dado que nos hacen de espejo porque muchas veces no somos capaces de ver en nosotros las partes que no nos gustan, así que lo que no aceptamos en el otro es porque no lo hemos aceptado en nosotros. Esto es fundamental también a la hora de educar a un niño, sobretodo en la época de aprendizaje de gestión emocional, cuando pega, cuando muerde, cuando tiene una rabieta, etc… son momentos que una misma puede perder los nervios porque en el fondo no aceptamos esas actitudes y en vez de saberlas canalizar acabamos respondiendo de una forma similar, con un chillido, un golpe en la mesa… Aceptarnos en nuestras respuestas no deseadas es la clave para  guiar a nuestros pequeños cuando se desbordan, ya que con la aceptación conseguimos de nuevo el control del timón del barco que navega en el turbulento mar. Teniendo en cuenta que según como nos relacionemos con ellos es como a la larga ellos se relacionaran consigo mismos y con el mundo, “amarlos cuando menos se lo merezcan” será la base para enseñar a no reprimir y a saber canalizar, y aunque hay ejercicios de respiración, de meditación y de concienciacion emocional que cuando se van haciendo mas mayores son herramientas útiles, considero que amarlos cuando menos se lo merezcan es fundamental.

                                        Para que haya una aceptación real,

                          ésta a ha de ser desde el corazón y no desde la mente.

Aprender a canalizar las emociones es un ejercicio que requiere práctica. Si recordamos el post anterior dónde hablé de la plasticidad neuronal,  expliqué como de pequeños tenemos facilidad y flexibilidad para crear o cambiar conexiones neuronales, pero a medida que nos hacemos mayores nos volvemos más rígidos para esos cambios. Si de pequeños nos han enseñado que las emociones como la tristeza o la rabia debemos reprimirlas, tenemos creado un mapa mental que como un chip automático nos hace reaccionar con una represión ante estas emociones prácticamente sin darnos cuenta. Ahora de mayores nos puede costar más hacer un cambio de este mapa mental y crear otro, pero es posible! Con paciencia y práctica lo podemos conseguir, y  un claro ejemplo es cuando aprendemos a conducir. Lo que al principio es una odisea poder cordinar pies, pedales, cambio de marchas, volante, señales y circulación, con práctica conseguimos todo esto de una forma totalmente inconsciente, de una forma automática porque el nuevo mapa mental ha sido construido.

Soy una gran seguidora de Carlos González, el pediatra, y buscando vídeos de este gran personaje conocí a otro gran personaje, Carlos González el profesor de física y matemáticas. Recomiendo mucho sus vídeos y en especial la película documental “Entre maestros, un salto cuántico en la enseñanza”. Y os dejo una frase de este gran maestro, en todos los sentidos, para reflexionar el amor juega al escondite entre el bien y el mal.

Aquí una entrevista que me pareció súper interesante, espero que os guste y os de luz.

Mamá Arcoíris

2 pensamientos en “Qué pasa realmente cuando nos sentimos juzgadas?

  1. Hola! No es fácil ser madre, nadie dijo que lo fuera y mucho menos, madre primeriza pero aún así, se espera que seamos infalibles y se nos hace responsables hasta con silencios inapropiados de la evolución de nuestros hijos.
    Duele. Duele mucho, cuando son nuestros afectos quienes juzgan e indigna cuando son conocidos y hasta desconocidos, que demuestran poca empatía o total desconocimiento de las circunstancias de cada caso que es, en definitiva, lo que nos hace reaccionar.
    Hoy, hay mucha más información a la mano que cuando tuve a mis hijos hace treinta años y era, la librería mi mejor aliado. Me veía enfrente de libros y revistas sobre la cama y leía una y otra vez ,como si me preparara para un examen
    Somos muy exigentes con nosotros mismos y el día a día, nos ayudará, si ponemos de nuestra parte a que nos afecte menos o nada y seamos lo suficientemente asertivos para tomar lo que nos sea de utilidad y borrar del pensamiento recurrente, todo aquello que nos de un puño en el estómago.
    Nunca olvidaré el comentario de mi mamá, cuando nació mi hija y estábamos en una discusión sobre lo que había que hacer en determinado momento y después de un silencio, dijo…bueno, las mamás siempre sabremos qué hacer. Y así, es.

    • Hola Marisol, acabo de ver tu comentario. Gracias por compartir 😊. Si, al final una es la que sabe que debe hacer con su hijos y es lo único que importa. Ser mamá no sólo es una experiencia maravillosa sino una experiencia muy enriquecedora en todos los sentidos. Un beso 😙

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