El desarrollo del cerebro del bebé

Que el llanto del bebé es un instinto de supervivencia resultado de la evolución biológica ya lo comenté en un post anterior, otra consecuencia es la inmadurez del cerebro que tienen nuestras crías al nacer y ésto es debido a la posición bípeda que adoptaron nuestros antepasados. Hay muchas teorías que explican porque nuestros antepasados pasaron de posición cuadrúpeda (andar a cuatro patas) a posición bípeda (andar a dos patas). Una de ellas defiende que este cambio surge en época de sequía permitiendo aumentar el recorrido de desplazamiento, tener una mayor visión del terreno y  recibir menos insolación, además de la liberación de las manos para poder crear, utilizar y llevar herramientas. En contra, disminuye la velocidad del andar, aumenta la tensión muscular y ósea de  la columna vertebral, las crías tardan 2 años en poder caminar, el animal que tarda más tiempo, y el canal del parto se hace más estrecho.

Debido a la bipedestación y a la posición erguida, la pelvis se ha hecho más estrecha, y por tanto, el canal del parto también, limitando en gran medida la salida del cerebro del bebé, con lo cual éste tiene que nacer con el órgano a penas formado. Cuando nacemos  nuestro cerebro tiene el 20% del peso del cerebro adulto y  durante los dos primeros años se va a desarrollar el 80%, el resto se acabará de formar a los 6 años. De aquí la gran importancia del cuidado y la atención que requiere el niño durante la primera etapa de su vida. Hay dos periodos que  hay que tener en cuenta en la formación del carácter: el Periodo Crítico Biofísico (hasta los dos años de edad) y el Periodo Crítico Psíquico (de los 2 a los 6 años de edad), que el límite entre ambos periodos está en los dos años de edad del niño se debe a la estructura del cerebro que se divide en tres partes: el cerebro reptiliano o instintivo, el cerebro límbico o emocional y el neocortex.

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  • Cerebro reptiliano: es el cerebro más primitivo y se encuentra en el centro, heredado de los reptiles y peces  se encarga de los instintos básicos de supervivencia.
  • Cerebro límbico: se encuentra debajo de la corteza cerebral y está compuesto por la amígdala, el hipocampo, el hipotálamo y el tálamo. Los sentimientos y emociones se encuentran en esta región, la amígdala es fundamental para reconocer las emociones en otros rostros y si está en  buenas condiciones habrá buena capacidad de aprendizaje y memoria, sin embargo se ha visto afectada en personas con problemas de adicción.
  • Neocortex o cerebro racional: la evolución ha hecho que los seres humanos y algunos mamíferos desarrollen este cerebro, el de la inteligencia, más allá de las emociones y el instinto. Éste es el responsable del pensamiento abstracto y del lenguaje. Esta estructura empieza a funcionar a partir de los dos años de edad cuando se ha terminado el proceso de mielinización.

A los 30 días de la fecundación ya se puede observar en el feto la médula espinal y el cerebro, pero las neuronas no se empiezan a formar hasta el 4º – 7º mes que es cuando comienzan a interconectarse entre ellas a una gran velocidad gracias a la mielina que es una cubierta grasa que mejora la transferencia de mensajes entre neuronas. Durante el embarazo, el feto producirá más neuronas de las que necesitará al nacer y muchas morirán.

El bebe nace con billones de neuronas pero muy pocas están conectadas, sólo las que son  necesarias para las funciones vitales, el resto se irán conectando y activando gracias a la propia genética y, sobretodo, a la estimulación que reciba el bebe durante su desarrollo, así que es fundamental que el pequeño pueda conocer libremente su entorno en función de su necesidad de exploración, lo ideal es adaptar el ambiente de la mejor manera para su seguridad. En su primer año es cuando más conexiones neuronales o sinápticas se producen. Durante el periodo crítico Biofísico el bebe tiene desarrollado las dos primeras estructuras cerebrales, es decir, el cerebro reptiliano o instintivo y el cerebro límbico o emocional y hasta que el proceso de mielinización o proceso de conexión neuronal no ha finalizado, no empieza a funcionar el neocortex que lo hará poco a poco. Este periodo es un periodo de máxima vulnerabilidad.

En los dos primeros años de vida se desarrolla el sistema de gestión emocional y respuesta al estrés, por esto hay que procurar reducir las situaciones de estrés en el bebé y,  cuando los sufra, acompañarlo con delicadeza y amor, el contacto con el cuidador ayuda al pequeño a regularse ya que por sí sólo todavía no sabe hacerlo. Además de ayudarle a regular sus emociones es imprescindible que sepa responder bien a las necesidades de éste para favorecer un desarrollo saludable, sin esto el bebe puede tener un desarrollo pobre y a la larga con problemas de comportamiento significativo. Se han hecho estudios con niños de orfanatos que han carecido de figura materna y han tenido muy poco apoyo e interacción social. Se ha visto que éstos han sufrido altos niveles de cortisol, la hormona del estrés, que en pleno desarrollo cerebral hace disminuir el tamaño del cuerpo calloso y también afecta al desarrollo del hipocampo y la amígdala. Cuando la respuesta al estrés son altamente activos en las primeras etapas del desarrollo se produce una adaptación a los elevados niveles del cortisol mediante la reducción del número de receptores hormonales en el cerebro, la consecuencia a largo plazo es que los niños  tengan los sistemas de respuesta al estrés menos reactivos y una mayor probabilidad de convertirse en adultos con agresividad, depresión, hiperactividad, adicción…

Durante los 3 primeros años de vida el cerebro tiene la máxima plasticidad neuronal y esto permite que  el cerebro se vaya formando tanto en su estructura anatómica como en su estructura funcional según los estímulos y experiencias que recibe el bebé, es decir, el aprendizaje produce cambió físico en la forma del cerebro y también cambio en su funcionalidad. Es más fácil aprender ciertas actividades, como nadar o tocar un instrumento, de pequeño gracias a esta plasticidad, y muchas vías que se forman a edades tempranas son muy difíciles de desarrollar o cambiar en la vida adulta. Estas redes neuronales o mapas mentales que se crean a una alta velocidad y son más fáciles de modificar en la niñez, a los 10 años nos volvemos más rígidos para realizar estos cambios.

De los 2 a los 6 años, el periodo crítico psíquico, las experiencias que viva el niño irán conformando su carácter, es cuando aparece el pensamiento operativo que se caracteriza por el realismo y el egocentrismo debido a la falta de diferenciación  de lo físico y lo psíquico, época de las famosas “rabietas”. Entenderlos, tenerlos en cuenta y tratarlos como le gustaría a uno que le tratasen es importante para sobrellevar esta difícil fase.

Lo que el niño ve y experimenta de pequeño es lo que acabará siendo su realidad, si un niño vive violencia así será su forma de relacionarse consigo mismo y con el mundo. Puntos fundamentales son tratarlos desde el amor y la compasión, no reprimir sus emociones para con paciencia enseñarles a gestionarlas, tratarlos con respeto y procurar ser un ejemplo a seguir, porque al fin y al cabo ellos aprenden por imitación y no por imposición.

 Peter Huttenlocher (neurólogo pediátrico 1931-2013)

Se dedicó a investigar los trastornos neurológicos pediátricos. Tiene 4 estudios pioneros sobre la densidad sináptica y la plasticidad neuronal. En uno de sus estudios recogió diminutos fragmentos de cerebros desde neonatos hasta ancianos de 90 años y quiso observar las sinapsis que se producían en cada porción de corteza y en cada etapa de la vida. Descubrió que un bebé nace con 8.900-12.500 millones de sinapsis por milímetro cúbico de la corteza y esta cantidad aumenta hasta los 16.500 millones de sinapsis durante el primer año, es decir, un 30%-50% y luego se va estabilizando. Cuando llegamos a la adolescencia hemos perdido sinapsis (conexiones neuronales) hasta llegar a la misma cantidad del nacimiento y la mantendremos hasta el día de nuestra muerte con un ligero descenso.

Desde la visión de María Montessori (pedagoga 1870-1952)

La primera infancias es un período muy rico y éste ha de ser cuidado y cultivado con la máxima atención, cualquier habilidad que aprende un niño en sus primeros 3 años para un adulto supondría 60 años de duro trabajo. Dice que en esta etapa, “el individuo más cuidado y asistido está destinado a crecer más fuerte, mentalmente más equilibrado y más enérgico(…) El niño en su nacimiento trae consigo posibilidades constructivas que deben desarrollarse a expensas del ambiente”. El niño se relaciona con el ambiente de una forma muy distinta de como lo hace el adulto, un niño no puede recordar el ambiente, sino que lo absorbe, lo integra y pasa a formar parte de su psique. Por ejemplo, un niño no recuerda un sonido sino que lo encarna y posterior lo pronuncia a la perfección.

El niño nace con una fuerza vital que le impulsa a su desarrollo y evolución, y a esta fuerza Percy Nunn le denominó horme. Si el niño tiene la libertad de dejarse llevar por su horme, será un niño realizado, feliz y con ganas de vivir.

SUE GERHARDT (psicoanalista 1953)

Aquí una interesante entrevista de Eduard Punset a Sue Gerhardt en el programa Redes sobre el desarrollo del cerebro del bebe.

 

REFERÉNCIAS

www.oas.org/educacion/desarrollo-infantil-temprano.htlm

http://www.tendencias21.net/El-entorno-temprano-de-los-ninos-afecta-mucho-a-su-respuesta-al-estres_a40259.html

http://www.adorepsicoterapia.net/sicoterapia/quepasa.htm

“La mente absorbente” de María Montessori

 

Mamá Arcoíris

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