La llegada

Haciendo un repaso a mi vida, la verdad, no me puedo quejar. He ido cumpliendo todo sueño que se despertaba en mí, y la maternidad ha sido el sueño más deseado. Viví el embarazo como una etapa muy especial, y sino hubiese sido por las náusea y vómitos de los 4 primeros meses, hubiera sido inmejorable. En todo momento quise ser muy consciente de la experiencia y vivirla muy presente, pero a medida que se acercaba el día D, inevitablemente mi imaginación daba riendas sueltas sobre el nuevo capítulo de mi historia. Quizás las soltó tanto que el bofetón que me llevé después fue tremendo.

Me explico…

Soñaba… soñaba con embelesarme con su dulce carita mientras en mis brazos se dormía al son del susurro de una nana, perderme en su pura e inocente mirada al tiempo que él descubría el rostro de quién mas le amaba, tranquilos paseos por la playa abrazados por la brisa del mar y el canto de sus olas, disfrutar de ser fuente de alimento, de cariño y amor, conocer nuevas mamis con quien compartir la nueva experiencia de ser mamá y divertirnos junto a nuestros pequeños en las clases post-parto. Soñaba con aprovechar sus siestas para cumplir con gozo mi papel de ama de casa, para tiempo de lectura, meditación, ejercicio… y un sin fin de cosas más. Oh! Que ganas tenía de que llegara el momento para disfrutar de ese tiempo con mi pequeño y conmigo.

Y cuántas veces escuché la típica frase “aprovecha ahora para… que después no tendrás tiempo” y aun siendo consciente de que eso era verdad no  podía evitar navegar por ese sueño ideal.

Y llega el día D! A las 19:35 por fin tengo a mi pequeño entre mis brazos, sensaciones extrañas recorren mi cuerpo, ese pequeño es mio! Me parece desconcertante que ese bebe haya estado 9 meses en mi vientre y que ahora lo tenga ahí, … no me lo puedo creer. Pero sí! era mío y más feliz no podía estar. Los días en el hospital fueron muy buenos, estábamos cuidados y mimados por un personal muy agradable, pero si en un futuro vuelvo a tener otro bebé, con todo el amor y el cariño, me voy a permitir el lujo de prescindir de las vistas. Realmente tenía muchísimas ganas de volver a casa, y todo con eso, el día del alta sentí como estaba a punto de tirarme al vacío sin paracaídas, me sentía temblorosa y asustada porque a partir de ahora ya no iba a tener el apoyo de las enfermeras. A partir de ahora íbamos a ser mi marido y yo ante algo tan pequeño…. pero a la vez tan grande!

Y me encontré con la realidad…

Esas nanas en brazos se convirtieron en horas de llanto, de paseos por la casa, de tomas de pecho para que se durmiera, y es que a mi pequeño no le ha gustado nunca estar tumbado en brazos, siempre en posición vertical, y tampoco le ha gustado dormir mucho. Pero cuando por fin lo conseguía, era ponerlo en su moisés y… ALARMA!!! vuelta empezar… así me pasaba el día, que la siesta mas larga y con mucha suerte era de 20 minutos… estaba desesperada y la cosa empeoraba a medida que se acercaba la noche.

Los paseos tranquilos por la playa se convirtieron en una constante tensión para que no despertara. El truco, no parar ni un segundo el carro… y si así lo hacía, volvía a saltar la ALARMA!! Lo cogía, lo calmaba, lo ponía en el carro y vuelta a empezar. Teniendo en cuenta que mi hijo en vez de llorar chilla, y en vez de chillar canta como una soprano en su nota más alta, yo lo pasaba fatal.

El disfrute de dar el pecho se convirtió en horas de aquí te pillo y no te suelto, con dolores y molestias, agujas que travesaban de pecho a espalda… (una mastitis de campeonato!) Tenía todos los bichos (alteración de la flora bacteriana) por haber, resistentes a prácticamente toda medicación, menos a una… menos mal!!

Para ir a las clases post parto tenía que coger el coche, y como tampoco le gusta ir en él, las ganas de conocer a nuevas mamis se convirtieron en frustración por llantos ininterrumpidos desde salir de casa hasta la vuelta. Sólo se callaba con la teta, así que toda la hora de clase con mi pequeño enchufado a ella…. dejé de ir a las clases al 3º día.

Gracias a dios que me gusta leer e informarme, que poco a poco he ido entendiendo porqué mi hijo, a diferencia de lo que conozco a mi alrededor, actuaba así. Y a pesar de la lucha que viví con lo que se supone que debía hacer y lo que sentía que debía hacer, en general hice lo correcto. Pero esto comentaré en otro post.

Realmente los primero meses fueron muy duros para mi, pero también viví momentos muy bonitos e inolvidables. Uno que llevo grabado en mi memoria y  lo recuerdo como si fuera ayer, con tan solo 15 días y sostenido en mis brazos, yo le susurraba y él con los ojos entreabiertos me regalaba unas sonrisas de oreja a oreja que se me derretía el corazón de amor.

Ahora tiene 8  meses y medio, y aunque la intensidad la sigue teniendo, todo es mucho más fácil. El colecho, el porteo, el BLW, el movimiento libre… me han ayudado mucho en este tiempo y lo recomiendo! Aunque cada niño es un mundo, y lo mejor, es adaptarse a él.

 

Mamá Arcoíris

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