Los peligros de educar en la obediencia ciega

La mayoría estaremos de acuerdo de la importancia de transmitir unos valores y hábitos a nuestros hijos, y nos vamos a sentir satisfechos si logramos estos objetivos.

Luego nos encontramos con situaciones realmente difíciles. Puede resultar muy frustrante que nuestros hijos no accedan a aquello que pedimos y consideramos necesario, por ejemplo, que se acuesten a una hora determinada. Nos puede preocupar su descanso y, para nosotros, es fundamental que a una determinada hora se vayan a dormir, sin embargo, ellos pueden no considerar el dormir como algo primordial y si seguir con la actividad que están realizando.

Después de pedirlo varias veces, seguramente intentemos convencer de porqué es importante acostarse a cierta hora, en el fondo, esperamos a que cedan y obedezcan. Hay dos vías para abordar este conflicto, desde el respeto y empatía o buscando la obediencia ciega, es decir, sin permitir que cuestionen nuestra petición. Hoy os quiero hablar de esta última, a partir de la vivencia del niño:

  1. Castigo, amenaza, chantaje. Tras el fallido de intentar convencer se recurre a :”Si no te acuestas, no te compro lo que me has pedido” o un “¿no te acuestas? ¡Mañana te quedas sin salir con tus amigos!”. ¿Qué crees que motiva a tu hijo a acceder? El miedo a las consecuencias. Si como niño, de forma habitual recibo este trato de mis padres, llegará un momento que por temor, no voy a mostrar oposición, por tanto, no voy a mostrar ciertas partes de mi, incluso recurrir a la mentira. Esto daña la relación con ellos y deja de ser de confianza.
  2.  Etiquetas y comparaciones. “Eres un desobediente, ¡tendrías que estar ya en la cama!”, me siento atacado y rechazado, no me tienen en cuenta y puedo acabar creyendo que esa afirmación es cierta, por tanto, puedo acabar repitiendo ese comportamiento.
  3. Si llegada la hora de dormir, yo quiero seguir jugando y me obligan sin tener en cuenta mi necesidad de juego, mi necesidad no es válida, lo que siento no es válido, por tanto, yo no soy válido.
  4. Si de forma habitual mis necesidades entran en confrontación con las de mis padres, y no son tenidas en cuenta, puedo acabar entendiendo que las necesidades de los demás son más importantes que las mías y puedo llegar a desconectar de ellas. Priorizaré al otro antes que a mi
  5. Al final, lo más probable es que comprenda que solo importa lo que la figura de autoridad manda, dejaré de cuestionarme y anularé mi pensamiento crítico. ¿Qué puede pasar si en algún momento de mi vida, alguien que considero una figura de autoridad, me pide algo que puede ser dañino para mí? ¿Es más probable que acceda o que me niegue?

Estas formas de resolver los conflictos dañan claramente la autoestima de nuestros hijos.

¿Qué situación recurrente te resulta complicado abordar sin buscar esa obediencia ciega?

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