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No existe el niño difícil, son las expectativas del adulto que lo convierten como tal

Imagen de la película “La lengua de las mariposas”

En muchas ocasiones he escuchado la etiqueta de “niños difíciles”, y en realidad no lo son. Somos los adultos que desde nuestras expectativas sobre como deben comportarse nuestros pequeños y nuestra falta de tolerancia nos da una perspectiva de que el niño es difícil, cuanto más intolerante somos al comportamiento de ellos más difícil se nos hace educarlos. Hay que tener en cuenta que son niños y también personas y no tienen porque estar siempre de acuerdo con lo que el adulto le pide, ¿ante una desavenencia con otro adulto, cómo te relacionarías de forma saludable para llegar a un acuerdo? De la misma forma lo tenemos que hacer con nuestros hijos, con la diferencia que ellos no son lo suficiente maduros y debemos ser nosotros quienes mantengamos la calma y serenidad, de esta forma les enseñamos mediante el ejemplo como resolver futuros conflictos en las relaciones.

Me he resistido hablar de los niños de alta demanda porque hay mucha controversia en si existen o no, de que es una forma de etiquetarlos, de que depende de la percepción de los cuidadores e incluso que el niño se hace demandante por culpa de los padres. En realidad, tampoco quiero centrarme en este término, pero si que es cierto que hay niños que nacen con un temperamento muy fuerte, siendo éste un rasgo innato,  no aprendido. Son niños que desde bebes saben lo que quieren y lo piden con mucha intensidad, sus llantos son tan fuertes que al principio piensas que algo les duele a horrores, pero luego te das cuenta que sólo reclaman que sus necesidades sean satisfechas de forma inmediata, sea comida, contacto, sueño o molestia. Así que culpar a la forma de educar de los padres por el temperamento de sus hijos es totalmente incongruente, otra cosa es el carácter que sí es resultado de las vivencias y educación que recibe el pequeño, por tanto hay influencia de sus cuidadores. Pero hay que considerar que el carácter es algo que se formará con los años, así que juzgar de mal carácter o mala crianza de un niño pequeño que tiene respuestas emocionales desbordadas es inapropiado porque es algo que deberá aprender con el tiempo gracias a la ayuda de sus padres, pero es importante que éstos sean buenos guías. Estos pequeños no van a ser fáciles de dominar, que es lo que busca la crianza tradicional, la sumisión  absoluta del niño ante las peticiones del adulto va a ser prácticamente misión imposible con ellos que más que autoridad necesitan paciencia y comprensión. Con esto no quiero decir que no necesiten unas normas, ya que son necesarias para un buen rumbo en su desarrollo, pero mejor si son pocas y firmes. Entenderlos, atenderlos, respetarlos, tenerlos en cuenta, tratarlos de la misma forma que te gustaría que te trataran es imprescindible para un buen desarrollo del niño, y más allá de mal criarlo es fomentar una base segura y estable.

Prácticamente todos los niños, alrededor de los dos años, empiezan a sentirse más autónomo y que pueden hacer muchas cosas por sí mismos, es la época que parece que constantemente desafían a los padres porque no hacen caso, sin embargo, el niño está pasando por una fase de reafirmación del yo, una fase imprescindible para su desarrollo que acabará pasando, pero en los niños “difíciles” esta fase empieza antes y dura más tiempo, siendo más intensas sus respuestas emocionales ante las negativas del adulto. Así que los padres necesitarán una dosis extra de paciencia y comprensión. Para los que estáis en esta fase os recomiendo el post de Álvaro Bilbao sobre como gestionar las rabietas.

Todos lo niños son demandantes, ya que la necesidad de constante contacto con el cuidador no es más que una consecuencia de la evolución, es el instinto de supervivencia que reclama protección, pero también es verdad que hay niños que reclaman más que otros y son más exigentes, y también es por naturaleza propia no por la educación de los padres. Un bebé al que no se le atiende a su llanto, por resignación deja de reclamar, y ahí si que el adulto a intervenido para que el niño sea menos demandante, pero esto es más un beneficio para el adulto que para el niño y aquí podéis ver lo importante que es para el desarrollo del pequeño atender a sus llamadas.

Educar a un pequeño con estas características de forma respetuosa puede ser agotador, sobretodo los primeros años que lidiar con sus explosiones emocionales puede ser una tarea ardua, aunque estoy segura que también lo es si no se educa desde el respeto con la consecuencia de formar personas con un estado emocional poco estable.

Atender a la llamada del niño, ceder, evitar el castigo, permitir que se exprese aún en las emociones más extremas, acompañarle en sus explosiones, cogerlo, etc… NO ES MALCRIAR

MAL CRIAR es no atender a las reclamaciones del niño, ceder en todo o en nada, negar la expresión de sus emociones, no acompañarlo en sus explosiones y castigarlos.

En resumen, si la educación del pequeño resulta difícil armémonos de paciencia y veamos nuestras intransigencias como vía para evolucionar y para educar mejor.

 

Mamá Arcoíris

REFERÉNCIA

https://emocreativos.com/2012/06/04/diferencia-entre-temperamento-caracter-y-personalidad/

http://www.xn--elcerebrodelnio-crb.com/blog/los-5-sies-y-los-5-noes-para-ayudar-a-gestionar-las-rabietas/

http://www.mamaarcoiris.com/el-desarrollo-del-cerebro-del-bebe/

 

Qué hacer cuando las emociones te ponen “del revés”

 

Los hijos son grandes maestros que han venido a este mundo a enseñarnos los grandes tesoros y potenciales que tenemos como personas, despiertan en nosotros un amor tan inmenso que nada en la vida puede superarlo, sin embargo, durante la crianza, también despiertan en nosotros los demonios internos que nos descontrolan y nos superan en ciertas situaciones. Esto último también es un gran tesoro, es una oportunidad para emprender el viaje de crecimiento personal y espiritual con destino al equilibrio, la armonía y la paz.

Ellos vienen puros e intactos y durante la educación se van contaminando según sus vivencias y como se relacionan con ellos, por esto nuestro papel de alumno ante estos grandes maestros es importante llevarlo a cabo con conciencia para desde nuestro centro y equilibrio poder mantener esa pureza lo más intacta posible. Trabajarnos a nosotros mismos tiene una gran recompensa, la gran obra de arte de haber formado un ser humano completo. Para esto es de gran importancia aprender a gestionar las emociones, para que durante el desarrollo del pequeño podamos guiarlos de la mejor manera.

La palabra emoción proviene del latín “emotio” que deriva del verbo “emovere” y se podría definir como el impulso interno que lleva hacia afuera, al movimiento o acción.  Por tanto, siempre una emoción nos impulsará a llevar algo a cabo.

Recordemos que en el cerebro podemos diferenciar tres partes, el cerebro reptiliano, el cerebro límbico y el neocortex. Es en el cerebro límbico dónde se generan las emociones, por tanto, hay más animales que las poseen. Las emociones son naturales, normales y se han de tener en cuenta. Han tenido un papel importante en la evolución porque han impulsado a las especies a la reproducción para perpetuarse y a la huida o el ataque en situación de peligro para la supervivencia.

Se podría definir una larga lista de emociones pero son 6 las consideradas como emociones primarias:

  1. El miedo nos impulsa a la huida cuando nos sentimos en situación de amenaza. Salta una alarma de alerta en el organismos que hace repartir la sangre a los lugares necesarios para la acción, en un principio la huida o el ataque. Cuando nos sentimos agredidos a nivel físico, emocional o espiritual nos puede producir ansiedad, agonía, preocupación, nerviosismo e incluso pánico, pero del miedo podemos conocer nuestras limitaciones y así trabajar la superación. Saber de nuestros miedos también nos va a permitir tener más consciencia de no transmitirlos a los hijos, porque los constantes “cuidado, es peligroso, vigila, etc…” puede hacer mella en el pequeño y fomentarle esta emoción.
  2. La ira se produce cuando sucede algo que nos enoja. Aumenta el ritmo cardíaco llevando así más sangre hacia las manos para que éstas tengan la fuerza necesaria para golpear, también aumenta el nivel de adrenalina que nos impulsa a actuar, atacar o destruir. Cuando no está bien canalizada se asocia con la hostilidad, la furia, la indignación y el odio patológico, pero este plus de energía bien canalizado es útil para resolver  la causa del enfado. Es una emoción muy destructiva que negarla a nuestros hijos es más perjudicial que beneficioso, suelen manifestarla cuando no pueden hacer lo que quieren o se les obligan a hacer lo que no quieren. Hay veces que podemos ceder, de esta forma les enseñamos la flexibilidad, y las que no podemos ceder, con paciencia y amor acompañarles en la explosión y guiarles en el proceso.
  3. La tristeza produce en nuestro organismo una disminución de energía que nos lleva al aislamiento y a la limitación, por ejemplo “no tengo fuerzas para…”. Si no se gestiona correctamente puede conducirnos a la depresión, pero bien canalizado nos da la oportunidad de interiorizar y conectar con nuestra esencia. La comunicación y la empatía con los niños es esencial para detectar este estado emocional y que no derive a una depresión, muchas veces la tristeza aparece tras la explosiva ira.
  4. La alegría nos de energía e impulsa a la expansión y el movimiento reduciendo sensaciones desagradables, favorece el deseo de fomentar las sensaciones agradables en uno mismo y en su entorno. Da tranquilidad y calma corporal, nos permite disfrutar de la vida.
  5. El asco es una emoción primaria que nos asegura la supervivencia al protegernos de la ingesta de sustancias venenosas o alejarnos de ambientes tóxicos. Cuando el estimulo recibido es percibido como dañino para el organismo se producen una serie de respuestas fisiológicas como las nauseas, mareos, activación del sistema parasimpático,… que nos llevan a alejarnos de dicho estímulo.  El asco mal canalizado puede llevar a la fobia e incluso al trastorno obsesivo compulsivo, como el caso de la persona que piensa que puede contaminarse con cualquier cosa y esta constantemente protegido por guantes o lavándose las manos de una forma obsesiva para no enfermar.
  6. La sorpresa se produce cuando acontece algo inesperado o extraño, nuestro organismo responde elevando las cejas para ampliar el campo visual, de esta manera la retina recibe más luz captando una mayor información sobre el acontecimiento para poder procesarlo y facilitar la mejor respuesta ante la nueva situación. En sí es una emoción neutra de poca duración y acontece a otras, si la sorpresa es agradable continuará la alegría, pero si es desagradable le continuará el miedo, el asco o la tristeza.

Hay muchas otras emociones agradables y desagradables, pero considero tres que son útiles conocer y saber gestionar para sacarle provecho:

La culpa se genera cuando nos arrepentimos de algo que hemos hecho o dejado de hacer, se retroalimenta resultando el remordimiento, la mala conciencia y el auto-castigo, en definitiva, mal canalizada se convierte en una gran tortura. La culpa bien canalizada nos permite reparar los errores del pasado e intentar no volver a cometer, de esta manera aprendemos y evolucionamos para ser y vivir mejor. Cuando la culpa emerge es buen momento para trabajar el perdón hacia uno mismo y hacia los demás. La constante crítica deriva en nuestros pequeños esta desagradable emoción.

La exigencia aparece cuando nos obsesionamos por el perfeccionismo y no nos permitimos el error. Esto produce una insatisfacción y tensión continua que impide disfrutar de la vida, mal canalizada se convierte en un maltrato y una esclavitud ya que los errores solo sirven para culpabilizarse y auto-castigarse. Esta intransigencia no sólo es con uno mismos sino también con lo demás, y  en consecuencia, surgen problemas en las relaciones.  Bien canalizado nos lleva a la aceptación de nuestras posibilidades y sacar provecho de los recursos que disponemos en el momento para conseguir el objetivo deseado. Por eso es importante tener cierta flexibilidad con nuestro hijos ya que la rigidez solo va a favorecer esta emoción.

La envidia nos muestra que deseos no hemos satisfecho y se manifiesta cuando vemos los logros de los demás y no los nuestros. Esta comparativa constante con los demás nos mantiene en una constante competición dónde solo ver el fracaso en el otro nos trae el bienestar. Sin embargo, la envidia bien canalizada nos invita a esforzarnos por conseguir nuestros deseos. Imprescindible evitar las comparativas, cada niño es un mundo y cada niño tiene unas cualidades destacables y otras a desarrollar.

El amor y el afecto no son considerados emociones sino más bien sentimientos, pero también han tenido su papel fundamental en la evolución ya que a propiciado el deseo de procreación y de protección de la descendencia. Además nos permite hacer vínculo y tener empatía con otros, que ha sido muy útil para las especies que hemos sobrevivido gracias a la tribu.

En resumen, las emociones son respuestas fisiologicas que se producen ante ciertos estímulos, y nos han permitido la supervivencia.

Y QUE HACER PARA QUE LAS EMOCIONES NO TE PONGAN “DEL REVÉS”?

Se ha de tener en cuenta que una emoción tiene una durabilidad de 90 segundos aproximadamente siempre que dejemos que fluya. Para que éstas no nos controlen cuando emergen, una buena técnica es centrarse en la respiracion y dejar que haga su proceso. Centrarse en la respiración nos ayuda a estar alejados de la mente que con su charlatanería alimenta la emoción y nos pone “del revés”, también nos ayuda a mantenernos en nuestro centro y nos da el poder de gestionar.

Pues sabiendo esto tendremos muchas oportunidades para prácticar, y como todo aprendizaje habrá errores en el camino así que menos exigencia, menos culpabilidad y mas amor y compasión por uno mismo que esta haciendo lo que puede con los recursos que tiene.

Mamá Arcoíris

 

REFERENCIAS

www.lamenteesmaravillosa.com

www.uam.es/personal_pdi/medicina/algvilla/fundamentos/nervioso/emociones.htm

www.despiertaterapias.com/psicolologia/emociones-supervivencia/

Qué pasa realmente cuando nos sentimos juzgadas?

Hay momentos en la vida que la opinión de la gente nos puede afectar en mayor o menor grado e incluso influir en nuestras decisiones, y personalmente, cuando más lo he sufrido ha sido durante mi maternidad. Al ser madre fui consciente de la gran responsabilidad que tenía en mis manos, las ganas de hacerlo lo mejor posible y la nula experiencia en el tema supuso una mezcla perfecta de nervios, inseguridades y miedos, así que la opinión de la gente solo hacía que alimentar más ese cóctel molotov hasta explotar a la mínima señal de sentirme atacada por cualquier comentario. Y es que sentirme juzgada ha sido, quizás, lo más difícil en el inicio del viaje de ser madre.

Y que está pasando realmente cuando nos sentimos juzgadas?

Un peso recae sobre nuestro, y ese peso no es la opinión o actitud de la otra persona sino nuestro propio juicio sobre la opinión o actitud de la otra persona, nuestro juicio dictamina que lo que ha hecho no es correcto o no esta bien. Esto ha sido realmente un aprendizaje para mi y me ha dado la oportunidad de sentirme más en paz  y más segura, ha sido una oportunidad para empoderarme.  Cuando nuestras mentes atormentadas por los comentarios o actitudes empiezan a funcionar como una lavadora centrifugando palabras es momento de pararnos y observarnos. A mi me funciona no reprimir, sino abrazar y aceptar ese estado de conciencia, porque cuando aceptamos nuestras sombras encontramos la armonía interior.

Y los otros hacen un papel importante, que en vez de condenarlos deberíamos agradecerles la oportunidad que nos brindan, dado que nos hacen de espejo porque muchas veces no somos capaces de ver en nosotros las partes que no nos gustan, así que lo que no aceptamos en el otro es porque no lo hemos aceptado en nosotros. Esto es fundamental también a la hora de educar a un niño, sobretodo en la época de aprendizaje de gestión emocional, cuando pega, cuando muerde, cuando tiene una rabieta, etc… son momentos que una misma puede perder los nervios porque en el fondo no aceptamos esas actitudes y en vez de saberlas canalizar acabamos respondiendo de una forma similar, con un chillido, un golpe en la mesa… Aceptarnos en nuestras respuestas no deseadas es la clave para  guiar a nuestros pequeños cuando se desbordan, ya que con la aceptación conseguimos de nuevo el control del timón del barco que navega en el turbulento mar. Teniendo en cuenta que según como nos relacionemos con ellos es como a la larga ellos se relacionaran consigo mismos y con el mundo, “amarlos cuando menos se lo merezcan” será la base para enseñar a no reprimir y a saber canalizar, y aunque hay ejercicios de respiración, de meditación y de concienciacion emocional que cuando se van haciendo mas mayores son herramientas útiles, considero que amarlos cuando menos se lo merezcan es fundamental.

                                        Para que haya una aceptación real,

                          ésta a ha de ser desde el corazón y no desde la mente.

Aprender a canalizar las emociones es un ejercicio que requiere práctica. Si recordamos el post anterior dónde hablé de la plasticidad neuronal,  expliqué como de pequeños tenemos facilidad y flexibilidad para crear o cambiar conexiones neuronales, pero a medida que nos hacemos mayores nos volvemos más rígidos para esos cambios. Si de pequeños nos han enseñado que las emociones como la tristeza o la rabia debemos reprimirlas, tenemos creado un mapa mental que como un chip automático nos hace reaccionar con una represión ante estas emociones prácticamente sin darnos cuenta. Ahora de mayores nos puede costar más hacer un cambio de este mapa mental y crear otro, pero es posible! Con paciencia y práctica lo podemos conseguir, y  un claro ejemplo es cuando aprendemos a conducir. Lo que al principio es una odisea poder cordinar pies, pedales, cambio de marchas, volante, señales y circulación, con práctica conseguimos todo esto de una forma totalmente inconsciente, de una forma automática porque el nuevo mapa mental ha sido construido.

Soy una gran seguidora de Carlos González, el pediatra, y buscando vídeos de este gran personaje conocí a otro gran personaje, Carlos González el profesor de física y matemáticas. Recomiendo mucho sus vídeos y en especial la película documental “Entre maestros, un salto cuántico en la enseñanza”. Y os dejo una frase de este gran maestro, en todos los sentidos, para reflexionar el amor juega al escondite entre el bien y el mal.

Aquí una entrevista que me pareció súper interesante, espero que os guste y os de luz.

Mamá Arcoíris