Archivo de etiquetas| que hacer con las emociones

Qué hacer cuando las emociones te ponen “del revés”

 

Los hijos son grandes maestros que han venido a este mundo a enseñarnos los grandes tesoros y potenciales que tenemos como personas, despiertan en nosotros un amor tan inmenso que nada en la vida puede superarlo, sin embargo, durante la crianza, también despiertan en nosotros los demonios internos que nos descontrolan y nos superan en ciertas situaciones. Esto último también es un gran tesoro, es una oportunidad para emprender el viaje de crecimiento personal y espiritual con destino al equilibrio, la armonía y la paz.

Ellos vienen puros e intactos y durante la educación se van contaminando según sus vivencias y como se relacionan con ellos, por esto nuestro papel de alumno ante estos grandes maestros es importante llevarlo a cabo con conciencia para desde nuestro centro y equilibrio poder mantener esa pureza lo más intacta posible. Trabajarnos a nosotros mismos tiene una gran recompensa, la gran obra de arte de haber formado un ser humano completo. Para esto es de gran importancia aprender a gestionar las emociones, para que durante el desarrollo del pequeño podamos guiarlos de la mejor manera.

La palabra emoción proviene del latín “emotio” que deriva del verbo “emovere” y se podría definir como el impulso interno que lleva hacia afuera, al movimiento o acción.  Por tanto, siempre una emoción nos impulsará a llevar algo a cabo.

Recordemos que en el cerebro podemos diferenciar tres partes, el cerebro reptiliano, el cerebro límbico y el neocortex. Es en el cerebro límbico dónde se generan las emociones, por tanto, hay más animales que las poseen. Las emociones son naturales, normales y se han de tener en cuenta. Han tenido un papel importante en la evolución porque han impulsado a las especies a la reproducción para perpetuarse y a la huida o el ataque en situación de peligro para la supervivencia.

Se podría definir una larga lista de emociones pero son 6 las consideradas como emociones primarias:

  1. El miedo nos impulsa a la huida cuando nos sentimos en situación de amenaza. Salta una alarma de alerta en el organismos que hace repartir la sangre a los lugares necesarios para la acción, en un principio la huida o el ataque. Cuando nos sentimos agredidos a nivel físico, emocional o espiritual nos puede producir ansiedad, agonía, preocupación, nerviosismo e incluso pánico, pero del miedo podemos conocer nuestras limitaciones y así trabajar la superación. Saber de nuestros miedos también nos va a permitir tener más consciencia de no transmitirlos a los hijos, porque los constantes “cuidado, es peligroso, vigila, etc…” puede hacer mella en el pequeño y fomentarle esta emoción.
  2. La ira se produce cuando sucede algo que nos enoja. Aumenta el ritmo cardíaco llevando así más sangre hacia las manos para que éstas tengan la fuerza necesaria para golpear, también aumenta el nivel de adrenalina que nos impulsa a actuar, atacar o destruir. Cuando no está bien canalizada se asocia con la hostilidad, la furia, la indignación y el odio patológico, pero este plus de energía bien canalizado es útil para resolver  la causa del enfado. Es una emoción muy destructiva que negarla a nuestros hijos es más perjudicial que beneficioso, suelen manifestarla cuando no pueden hacer lo que quieren o se les obligan a hacer lo que no quieren. Hay veces que podemos ceder, de esta forma les enseñamos la flexibilidad, y las que no podemos ceder, con paciencia y amor acompañarles en la explosión y guiarles en el proceso.
  3. La tristeza produce en nuestro organismo una disminución de energía que nos lleva al aislamiento y a la limitación, por ejemplo “no tengo fuerzas para…”. Si no se gestiona correctamente puede conducirnos a la depresión, pero bien canalizado nos da la oportunidad de interiorizar y conectar con nuestra esencia. La comunicación y la empatía con los niños es esencial para detectar este estado emocional y que no derive a una depresión, muchas veces la tristeza aparece tras la explosiva ira.
  4. La alegría nos de energía e impulsa a la expansión y el movimiento reduciendo sensaciones desagradables, favorece el deseo de fomentar las sensaciones agradables en uno mismo y en su entorno. Da tranquilidad y calma corporal, nos permite disfrutar de la vida.
  5. El asco es una emoción primaria que nos asegura la supervivencia al protegernos de la ingesta de sustancias venenosas o alejarnos de ambientes tóxicos. Cuando el estimulo recibido es percibido como dañino para el organismo se producen una serie de respuestas fisiológicas como las nauseas, mareos, activación del sistema parasimpático,… que nos llevan a alejarnos de dicho estímulo.  El asco mal canalizado puede llevar a la fobia e incluso al trastorno obsesivo compulsivo, como el caso de la persona que piensa que puede contaminarse con cualquier cosa y esta constantemente protegido por guantes o lavándose las manos de una forma obsesiva para no enfermar.
  6. La sorpresa se produce cuando acontece algo inesperado o extraño, nuestro organismo responde elevando las cejas para ampliar el campo visual, de esta manera la retina recibe más luz captando una mayor información sobre el acontecimiento para poder procesarlo y facilitar la mejor respuesta ante la nueva situación. En sí es una emoción neutra de poca duración y acontece a otras, si la sorpresa es agradable continuará la alegría, pero si es desagradable le continuará el miedo, el asco o la tristeza.

Hay muchas otras emociones agradables y desagradables, pero considero tres que son útiles conocer y saber gestionar para sacarle provecho:

La culpa se genera cuando nos arrepentimos de algo que hemos hecho o dejado de hacer, se retroalimenta resultando el remordimiento, la mala conciencia y el auto-castigo, en definitiva, mal canalizada se convierte en una gran tortura. La culpa bien canalizada nos permite reparar los errores del pasado e intentar no volver a cometer, de esta manera aprendemos y evolucionamos para ser y vivir mejor. Cuando la culpa emerge es buen momento para trabajar el perdón hacia uno mismo y hacia los demás. La constante crítica deriva en nuestros pequeños esta desagradable emoción.

La exigencia aparece cuando nos obsesionamos por el perfeccionismo y no nos permitimos el error. Esto produce una insatisfacción y tensión continua que impide disfrutar de la vida, mal canalizada se convierte en un maltrato y una esclavitud ya que los errores solo sirven para culpabilizarse y auto-castigarse. Esta intransigencia no sólo es con uno mismos sino también con lo demás, y  en consecuencia, surgen problemas en las relaciones.  Bien canalizado nos lleva a la aceptación de nuestras posibilidades y sacar provecho de los recursos que disponemos en el momento para conseguir el objetivo deseado. Por eso es importante tener cierta flexibilidad con nuestro hijos ya que la rigidez solo va a favorecer esta emoción.

La envidia nos muestra que deseos no hemos satisfecho y se manifiesta cuando vemos los logros de los demás y no los nuestros. Esta comparativa constante con los demás nos mantiene en una constante competición dónde solo ver el fracaso en el otro nos trae el bienestar. Sin embargo, la envidia bien canalizada nos invita a esforzarnos por conseguir nuestros deseos. Imprescindible evitar las comparativas, cada niño es un mundo y cada niño tiene unas cualidades destacables y otras a desarrollar.

El amor y el afecto no son considerados emociones sino más bien sentimientos, pero también han tenido su papel fundamental en la evolución ya que a propiciado el deseo de procreación y de protección de la descendencia. Además nos permite hacer vínculo y tener empatía con otros, que ha sido muy útil para las especies que hemos sobrevivido gracias a la tribu.

En resumen, las emociones son respuestas fisiologicas que se producen ante ciertos estímulos, y nos han permitido la supervivencia.

Y QUE HACER PARA QUE LAS EMOCIONES NO TE PONGAN “DEL REVÉS”?

Se ha de tener en cuenta que una emoción tiene una durabilidad de 90 segundos aproximadamente siempre que dejemos que fluya. Para que éstas no nos controlen cuando emergen, una buena técnica es centrarse en la respiracion y dejar que haga su proceso. Centrarse en la respiración nos ayuda a estar alejados de la mente que con su charlatanería alimenta la emoción y nos pone “del revés”, también nos ayuda a mantenernos en nuestro centro y nos da el poder de gestionar.

Pues sabiendo esto tendremos muchas oportunidades para prácticar, y como todo aprendizaje habrá errores en el camino así que menos exigencia, menos culpabilidad y mas amor y compasión por uno mismo que esta haciendo lo que puede con los recursos que tiene.

Mamá Arcoíris

 

REFERENCIAS

www.lamenteesmaravillosa.com

www.uam.es/personal_pdi/medicina/algvilla/fundamentos/nervioso/emociones.htm

www.despiertaterapias.com/psicolologia/emociones-supervivencia/